Me encontré con este grafitti caminando por los cerros de Valparaíso: “Políticos de Mierda” No deja de doler. Es impresionante como hemos perdido la confianza en la política. El diagnostico es terrible, vivimos momentos en que sobre la actividad política pende un manto de desprestigio. Sin duda, parte de la culpa la tiene el exceso de individualismo que recorre nuestro país, pero tengo la certeza que se aloja principalmente en el estilo de los dos polos que dominan la política actual: los antropófagos de la política y los paladines de la independencia.
Partamos por nuestras propias culpas, la de los políticos. Muchas veces los partidos políticos parecen aislados del mundo real. Permanecen atrapados en sus códigos y lenguajes, en sus necesidades y peleas internas. Entierran la política actuando a través del clientelismo. Muchos son líderes adormecidos en el tiempo, poco comprometidos con su trabajo y atrapados en la parsimonia que impone un sistema sin competencia. Políticos tibios, fomes, aburridos y parlanchines. En este escenario, pagan justos por pecadores. Entre los partidos y el sistema electoral tenemos el binomio perfecto para atrapar cualquier intento de renovación o de nuevas prácticas, pues el sistema lo siguen controlando los pocos dispuestos a asimilar la política con el control del poder de su partido. Existe una colusión entre quienes detentan el poder partidario que busca eliminar toda competencia. No es de extrañar entonces, que la política sea tan poco atractiva para quienes no pertenecen a está cultura, pues los espacios para competir son mínimos y los incentivos para participar se encuentran en el lado incorrecto: en la participación en el mismo partido más que en el liderato social o bien en tomar el camino de la libertad individual o el “discolismo”. Los partidos no logran modernizarse y mantenemos un sistema electoral arcaico. El resultado es nefasto: una política parca, poco atractiva, que niega su propia libertad. En este escenario pagan justos por pecadores.
Otro grado de culpa le cabe a los que hacen apología de la independencia, pero terminan siendo actores relevantes de la política. Resulta curioso ver cuantos partidos políticos, movimientos, o grupos de opinión hoy se apellidan como “independientes”. Es el bálsamo de la crisis de los partidos. Parece que hoy día la mejor definición de la identidad de un grupo es exactamente su negación como tal. Son los tiempos en que el no comprometerse con ideas parece ser el modelo exitoso para formar un movimiento político. O más bien, parece que dar una señal pública de que no se pertenece a nada de lo existente es una alternativa política a la participación. No lo juzgo, pero me asusta. El riesgo implícito de estos grupos es transformarse en parte de aquellos que denostan la política, en este caso por omisión. El peligro es dar a la sociedad que queremos liderar, señales equivocas. Parece que no comprometerse es un bien en si mismo. Tiendo a creer que lo que necesita nuestra sociedad política en crisis es todo lo contrario: mayores grados de compromiso con lo público y por ende con la política. Esto incluye comprometerse con lo partidos actuales y si disiento de ellos o sus prácticas, formar nuevos partidos como una señal de compromiso con la política más que con los líderes actuales. En todo sistema democrático es necesaria la existencia de los partidos políticos y como en todo, si no nos gustan los actuales, más que nadie somos los llamados a modificar o a crear otros nuevos
¿Es eso la política? Por supuesto que no. La política es la vocación de servir a fines públicos de manera de hacer mejor la vida de otros. Es transformar los ideales en acción práctica. Es asumir un compromiso con mi barrio, mi comuna, mi comunidad. Hoy es el tiempo de volver a recuperar la confianza de las personas. Demostrar que aquellos que estamos en política estamos dispuestos a gastar las zapatillas trabajando por los demás. Que no prometemos sino podemos cumplir. Que nuestro mayor compromiso es con ser serios y responsables. Que nos verán en la calle. Que nos verán de frente. Que nos verán diciendo la verdad. Que nos verán participando en la renovación de la política, recuperando los actuales partidos o creando otros nuevos. Las personas hoy buscan más que independencia, buscan compromiso con los problemas de la gente y las ideas; y libertad para decidir independiente de sus amarres partidarios.
El mismo día caminando por los mismos cerros de Valparaíso, me encontré con otro cartel en las ventanas de casas que decía: “yo cuido la casa de mi vecino”. Han visto algo más político que esa frase. Tengo fe, de que cuando los políticos volvamos al terreno y a decir de frente lo que somos, las personas volverán a entender que la política es tan simple como esa bella frase colocada por muchos vecinos de Valparaíso: es el compromiso de todos por cuidar el hogar de nuestro vecino.
Columna Sebastián Iglesias, Giro País* Sebastián es candidato a diputado por La Reina y Peñalolén.